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En 1762, Catalina II, la Grande, hereda
el trono de Rusia. El 22 de julio de 1763 publica un manifiesto
en que insta a los extranjeros con deseos de colonizar a trasladarse
a Rusia a vivir y trabajar. Se les asegura franquicias tributarias
y la liberación del servicio militar. Así llegaron
los primeros colonizadores alemanes hasta el Volga.
Consiguieron establecer comunidades
con derechos y prerrogativas. Pero hacia 1860 el Zar los obligó
a prestar servicio militar, lo que los indujo a buscar nuevos horizontes.
Un grupo bastante numeroso emigró al Brasil meridional. Su
intención era plantar trigo, tal como lo habían hecho
desde hacia generaciones junto al Volga. Con desazón, comprobaron
que, pese a la fertilidad del suelo, el trigo no se daba bien. A
raíz de ello, cuatro enviados se trasladaron en agosto de
1877 a Buenos Aires, donde iniciaron tratativas con el entonces
ministro de interior, Bernardo de Irigoyen. Sabían lo que
querían y conocían las ventajas que ofrecía
Argentina.
Su oferta era garantizar la inmigración
de 50.000 personas, y a cambio de ello pretendían obtener
buenas tierras, junto a vías de comunicación favorables
para poder exportar sus productos agrícolas. Solicitaron,
además, la exención del servicio militar, libertad
de culto y la instalación de escuelas alemanas.El contrato
correspondiente adquirió muy pronto contornos definitivos;
el parlamento argentino lo convalidó por ley . En 1878 llegaron
a nuestro país 1100 alemanes del Volga.
No faltaron, por cierto, los sinsabores,
como cuando les ofrecieron en la provincia de Santa Fe tierras inundables.
No obstante, los resultados positivos predominaron: en Entre Ríos
se establecieron varias colonias agrícolas casi cerradas,
con nombres tales como Marienthal, Marienfeld, Köhler, Pfeifer.
En su gran mayoría, los pobladores de estas aldeas eran católicos,
pero hubo también un asentamiento netamente evangélico,
que se llamó Aldea Protestante.
Otro grupo se dirigió hacia
el sur de la provincia de Buenos Aires, donde los colonos se asentaron
cerca de Coronel Suárez, estableciendo el pueblo de Hinojo
que, al igual que Marienthal en Entre Rios, pronto se transformó
en el foco de irradiación de una activa labor colonizadora
de vastos alcances territoriales y económicos.
Que la Argentina haya llegado actualmente
a ser uno de los más importantes silos del mundo se debe
en buena parte a sus ciudadanos de origen alemán del Volga.
La inmigración de ruso-alemanes
a Argentina se mantuvo hasta la Primera Guerra Mundial. Crespo en
Entre Rios y Coronel Suárez en la provincia de Buenos Aires
se convirtieron en los centros más destacados de la colonización.
En la actualidad, los alemanes del Volga viven prácticamente
diseminados por toda la Argentina. Su numerosa prole de los primeros
tiempos y la división y reparto de las propiedades en parcelas
cada vez más pequeñas obligaron a muchos a abandonar
los sitios de colonización originales y a dedicarse a otros
oficios.
A pesar de las grandes dificultades que atravesó esta colectividad
durante y después de la (última guerra mundial, la
institución que agrupa a los descendientes de los alemanes
del Volga trata de mantener la unión por medio de fiestas
y reuniones anuales en las distintas comunidades. Existe una profunda
fe religiosa y se considera a la iglesia salvaguardia y apoyo de
la comunidad.
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