THEODOR HERZL: Fundador del sionismo político (1860-1904) (Parte I)
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Los judíos son, indudablemente, el pueblo más antiguo con una fuerte conciencia nacional y, sin embargo, se necesitaban casi dos mil años para que en este pueblo, disperso y sin hogar propio, surgiese otra vez la idea de tener su Estado y vivir organizado en una nación.

Mientras se hallaban en la diáspora, los judíos dieron grandes políticos y estadistas a las naciones en cuyo seno vivían asimilados, como por ejemplo a Disraeli en Inglaterra, a Lasalle y Rathenau en Alemania, a Gambetta y Crémieux en Francia, a V. Adler en Austria y a Luzzatti en Italia; pero ninguno de ellos, aunque de origen y confesión hebrea, se preocupaba por la suerte del pueblo de Israel ni pretendía interpretar o realizar su voluntad colectiva.

El Estado de Israel se hizo principalmente por obra del movimiento sionista político de Theodor Herzl, el primer estadista judío de la diáspora, a los cuarenta y cinco años de su muerte.
Theodor Herzl nació en Budapest el 2 de mayo de 1860, en una familia hispanojudía que desde España, pasando por el Imperio Otomano, llegó primero a los Balcanes y luego se estableció en Hungría, asimilándose a la cultura alemana como la mayoría de los judíos que vivían en las ciudades de la Europa Central. La lengua alemana fue el vehículo de su expansión por todos los países de la Europa Central y Oriental, siendo al mismo tiempo el medio de entendimiento entre ellos mismos.

El padre de Theodor, Jacob, gozaba de una acomodada posición en la burguesía de la capital húngara, pudiendo proporcionar a su hijo una buena educación. La madre, Jeanette Diamant, también de una conocida familiar sefardí, era una mujer hermosa y de finos sentimientos, cuya armoniosa prestancia física y cuyo don literario heredó Theodor. "Dori", como le llamaban sus íntimos, estudió en Budapest el Bachillerato, manifestando ya en aquellos años mozos sus inquietudes intelectuales y facultades organizadoras al fundar un círculo literario.

En 1878, murió su única hermana, Paulina. El doloroso hecho fue el motivo de que la familia Herzl se marchara de Budapest y se estableciese en Viena. Theodor se matriculó en la Facultad de Derecho, terminando la carrera, con el grado de doctor en leyes, en 1884. Algún tiempo ejerció la abogacía en Viena y una breve temporada estuvo en el Tribunal de Salzburgo, pero pronto se convenció de que su vocación era el periodismo y abandonó la jurisprudencia dedicándose exclusivamente a las letras.
En sus años de estudiante en Viena conoció a Julia Naschauer, descendiente de una familia húngaro-hebrea, con la que se casó en 1889. El matrimonio de Herzl, bendecido con tres hijos, fue feliz y Julia, su fiel esposa, con gran abnegación soportó el despilfarro de la fortuna familiar y las prolongadas ausencias de su marido en el último decenio de su vida.

Theodor Herzl escribió y publicó su primer artículo siendo aún alumno de Bachillerato, y durante sus estudios universitarios se interesó más por la literatura que por el Derecho. Para un joven judío de talento estaban a disposición las columnas de los grandes periódicos y revistas austríacos, puesto que una considerable parte de ellos estaba en manos del capital judío. Los artículos de Herzl fueron advertidos, y no le fue difícil entrar en la redacción de uno de los más grandes y más influyentes periódicos de Viena: Neue Freie Presse.

Alternando con el periodismo, Herzl escribió también para el teatro varias comedias, casi todas relacionadas de algún modo con la cuestión judía. Entre los más conocidos títulos figuran: Seine Hoheit (Su Alteza), Der Flüchtling (El fugitivo), Das neue Ghetto (El nuevo ghetto), Solon in Lydien (Solón en Lidia), Unser Kätchen (Nuestra Catalina), Grethel, Prinzen aus Genieland (Príncipes del país de los genios), Estas comedias, en su tiempo celebradas por un sector del público vienés y berlinés, obtuvieron un éxito discreto, demostrando, que el teatro no era el verdadero campo de trabajo para Herzl, como tampoco la poesía, que a ratos cultivaba. En la Viena de un Hofmannsthal y de un Rilke, la producción literaria de Herzl era más que modesta para poder asegurar fama a su nombre.

Su fuerza de escritor estaba en el artículo periodístico, en el feuilleton, que se cultivó mucho en la gran prensa vienesa. Viajando por varios países europeos, vino Herzl, en 1891, a España, desde donde enviaba a su periódico interesantes crónicas sobre la vida política y cultural española bajo la Regencia. En Madrid le sorprendió el nombramiento de corresponsal del Neue Freie Presse en París.

Cinco años, de 1891 a 1896, permaneció Herzl en la capital de Francia informando a sus lectores sobre la política francesa. Sus crónicas de corresponsal y otros artículos periodísticos, publicados después en libros, Gesammelte Feuilletons (3 vols, Berlín, 1911) y Das Palais Bourbon (Leipzig, 1895) dan testimonio del ojo penetrante y de la agilidad de Herzl como observador político. La estancia en París no sólo consagró a Herzl como periodista, pues en 1896 fue llamado a Viena para encargarse de la dirección de la sección literaria de Neue Freie Presse, que llevó hasta su muerte, sino que aquellos años fueron decisivos para su actividad política. él mismo anotó en su Diario que el problema judío le interesaba desde siempre, lo cual no le impidió ser miembro activo de la asociación de los estudiantes nacionalistas alemanes "Albia". El quería pasar por totalmente asimilado al ambiente, pero siempre tuvo que sentir que pertenecía a un pueblo odiado y perseguido. Siendo alumno de Enseñanza Media, hubo de cambiar de Instituto a causa de las arrogancias de un profesor, y, más tarde, en la Universidad, se estremeció al enterarse de los sangrientos pogroms que se habían producido en Rusia contra los judíos, en los años 1881 y 1882.

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