| El Barón Mauricio
Hirsch (y III) |
| Origen: Internet |
Llega el "Wesser"
El 14 de agosto de 1889
- cuando aún la J.C.A. no había
sido creada- arriba al puerto de Buenos
Aires el vapor "Wesser".
En él llegan judíos de Podolia
(Rusia), para afincarse en la Provincia
de Buenos Aires, en las cercanías de La
Plata. Se trataba de un grupo de 129 familias,
aproximadamente, encabezado por Léizer
Kaufman, que en París había
celebrado tratativas y firmado contrato con el
cónsul argentino. Pero no bien desembarcaron,
supieron que habían sido estafados.
Entonces el terraniente
Pedro Palacios les ofreció a cambio tierras
de su propiedad, cerca de la estación ferroviaria
que lleva su nombre, Palacios, en la Provincia
de Santa Fe. Cuando llegaron allí en tren,
supieron que habían sido doblemente estafados.
Se trataba de una perdida estación
de ferrocarril, y las tierras contratadas no estaban
a su disposición. Sólo se salvaron
de continuar en la mayor indigencia, cuando luego
de algunos meses de grandes penurias fueron ocasionalmente
advertidos por un importante viajero judío.
Se trataba del Profesor William Löwental,
que venía de dictar conferencias en el
norte del país y los vio durmiendo en las
proximidades de las vías, en un galpón
abandonado. Primero hizo gestiones ante el ministerio
de relaciones exteriores de la Argentina. Luego
le escribió al Gran Rabino Zadok
Kahn informándole de esa penosa situación;
y el Rabino se dirigió al Barón
Hirsch, a fin de lograr la necesaria ayuda
para sus hermanos estafados.
Los "Gauchos Judíos"
De todas maneras, 1889
fue el año en que comenzó la colonización
judía en la Argentina. Y, a partir
de 1891, ya con la J.C.A. en funciones,
se multiplican las colonias en nuestro país.
Luego de las primeras frustrantes experiencias,
miles y miles de judíos de Rusia,
Rumania y otros territorios de Europa del
este comenzaron paulatinamente a vivir, trabajar
y desarrollarse en una atmósfera de libertad.
Así surgen los que Gerchunoff denominó
"gauchos judíos".
Hoy, muchos judíos argentinos
se enorgullecen de haber nacido en las colonias
de Entre Ríos o de Santa Fe, de
La Pampa o de Buenos Aires. Y las
vivencias en el pueblo santafecino de Moisés
Ville son evocadas con particular nostalgia.
Encuentro con Herzl
A no dudar, Theodor
Herzl y Maurice de Hirsch tenían
perspectivas diferentes. Pero en ambos existía
una idéntica preocupación: solucionar
los tremendos problemas del judaísmo galútico.
Si bien el Barón no creía que el
camino correcto para los judíos oprimidos
en Rusia fuera la inmigración a la entonces
inhóspita Éretz Israel -dominada
por los turcos otomanos-, no dejó sin embargo
de considerar en algún momento esa opción.
Sobre todo si recordamos que, en 1883, uno de
sus asistentes, Pinjas Veneziani, visitó
Éretz Israel e incluso llevó colaboración
del Barón Hirsch para los colonos de Carmel
y Samaria. Muchos historiadores afirman que, además
de no considerar a Éretz Israel como el
lugar más adecuado, la actitud del Barón
Hirsch en este punto se debió a que no
quería entrar en un conflicto de competencias
con el Barón Rothschild. Era éste
quien había comenzado a hacer donaciones
para la colonización agrícola de
los judíos en Palestina.
En 1895, el Barón
Hirsch y Theodor Herzl se encontraron.
Pero cada uno de ellos perseveró en sus
propios puntos de vista. El Barón creía
que las posibilidades de éxito eran mayores
en la Argentina, con muchas tierras disponibles
y una situación política aceptable.
Con el tiempo, la JCA apoyó también
la colonización en Éretz Israel.
Lo que dejó
Murió a los 64 años de edad,
cuando de visita en Hungría, sorpresivamente cayó
víctima de una apoplejía en el pueblo de Gyolla,
cercano a la ciudad de Komorn. Era el 21 de
abril de 1896. Fue enterrado en París.
Y simplemente, para darnos
cuenta de la magnitud de los emprendimientos del
Barón Hirsch y de la generosidad de su actividad
filantrópica, digamos que al morir, según los
entendidos, el importe total de las obras de caridad
que había hecho en vida, superaba en más del doble
a la fortuna que dejaba como herencia familiar.
Su esposa Clara, que siguió con su tarea
benefactora y que donó enormes cantidades de ropa
para los niños pobres en todo el mundo, murió
tres años más tarde.
Una semana después de
la muerte del Barón Hirsch, escribió
sobre él Najum Sókolow: "
... Nunca ocultó su oposición a
la idea de establecer una Nación judía,
pero sus obras fueron las de un judío que
ha adquirido plena conciencia de la tragedia de
nuestro pueblo...."
Conclusión
Para la mayoría de los colonos
judíos de Sudamérica, lo mismo que para buena
parte de la opinión pública judia de Europa, fue
el Barón de Hirsch una especie de redentor
que Dios había enviado a su pueblo en un momento
crítico de su vida.
Especialmente en la Argentina,
los colonos veneraban su nombre. El retrato del
Barón y el de su esposa, la Baronesa Clara, solían
adornar sus modestas viviendas.
La fantasía popular rodeó de
leyenda la figura de este raro benefactor y vio
en él al hombre bueno y desprendido, que sólo
quería regalar sus riquezas a sus hermanos pobres.
La muerte prematura de Hirsch, las dificultades
que encontraron los primeros colonos y principalmente
sus diferencias con los administradores, dieron
sustento a esa creencia.
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